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Palabras de un santo 

Don Luis Orione fue un sacerdote todo de Dios y todo de los hombres. Dedicó su vida entera a amar y servir al Señor en los más humildes, en los más pobres y desposeídos. "Sólo la caridad salvará al mundo" fue la convicción que marcó su vida; una caridad necesaria y urgente para "llenar los surcos que el odio y el egoísmo han abierto en la tierra". Esta convicción lo llevó a fundar la Pequeña Obra de la Divina Providencia (1903), congregación que se extendió en su Italia natal y en tierras de misión, entre ellas  Argentina, Chile y otros lugares. 

Don Orione viajó mucho y por primera vez a Latinoamérica 1921 y 1922, y en 1936 viaja a Chile sobrevolando la inmensidad de los Andes. 

 

“Aquí estoy en Santiago de Chile, luego de cruzar en avión por sobre la cordillera de lo andes, como a seis mil metros de altura. ¡Qué hermosura mirar desde 5.000 metros de altura  a la cumbre de Aconcagua, que se eleva soberano por sobre toda las otras cumbres de los Andes! El avión pasó entre el monumento al Cristo redentor, en el limite entre Argentina y Chile, y el Aconcagua. Pude ver todo muy bien.” 

Y Así el amor recíproco entre Don Orione y el pueblo Chileno  se traduce en innumerables gestos de bondad y solidaridad que el mismo Don Orione y los suyos convierten en obras para los niños, los jóvenes y los más débiles de nuestra patria. El mensaje de Don Orione es una invitación a mirar la realidad para transformarla con la caridad. Una caridad que se realiza no como calmante asistencial, sino como promoción de justicia, de dignidad humana y de salvación integral del hombre y de la sociedad. 

"Tenemos que ser santos, pero no tales que nuestra santidad pertenezca sólo al culto de los fieles o quede sólo en la Iglesia, sino que trascienda y proyecte sobre la sociedad tanto esplendor de luz, tanta vida de amor a Dios y a los hombres que más que ser santos de la Iglesia seamos santos del pueblo y de la salvación social ", decía Don Orione. Hoy, sus obras y su mensaje reafirman la vigencia de un testimonio que sigue anunciando que la vida sólo es tal cuando se comparte solidariamente con el prójimo, especialmente con aquel  más necesitado y abandonado, pues en él "brilla la imagen de Dios".